martes, 26 de octubre de 2010

La vida en círculos

 
Todos viajamos, yo viajo a través de mis sentidos y siempre vuelvo al mismo momento, su beso penetra mis sentidos como una aguja clavada como una daga en el pecho. Tomé otro viaje alguna vez, sin embargo, de nada sirvió, el cielo me acompaño durante un tiempo, luego se alejó, probé unos labios amargos en ese entonces, pero sirvió, de algo sirvió haber viajado tanto, pues el viaje se torna complejo, recorrí más de un camino tratando de olvidar, rasgué mi piel con manos entorpecidas, pero siempre volví, porque pese a estar negándolo dentro de mi cabeza y creyendo que estaba tomando un buen viaje, volví, nuevamente a regocijarme en esos brazos que me elevan hasta el cielo, a ese viaje permanente que tiene solo un nombre, el cielo, mi cielo coloreado de tormentos felices, algo complejo, pese a los mil viajes, preferí volver, no encontré otro cielo, aunque si conocí varios infiernos, tentadores y atractivos a la vida, intenté quedarme durante un tiempo, ver como sería, aprovechar el viaje, lo digo otra vez, juro que lo intenté. Entonces, más que este sueño, el viaje no trascendió nada, me dejó un gusto amargo, unos besos memorables, una caída permanente y el desconsuelo. Ahora, como en un círculo, volví, renací, desaparecí y reaparecí, y decidí ahora completamente consciente, quedarme esta vez, en un viaje en círculos, yo encontré mi cielo, eterno y para siempre...

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